Comprender la relación que existe entre expresiones culturales y la convivencia es un reto intelectual que requiere del reconocimiento de algunos conceptos como ciudadanía, cultura, medios masivos de comunicación, educación, valores, principios, convicciones, humanismo, ciencia, etc. Para este fin, el presente documento hace una reflexión por medio del trabajo grupal, en la cual se reconocen los principales conceptos que la Unidad II presenta frente al tema descrito, para centrarse posteriormente en el papel de los D.D.H.H. en la Convivencia. Finalmente se hacen algunas reflexiones acerca de lo que García Canclini llama “Culturas Híbridas” para relacionar este concepto con el de Convivencia y expresiones culturales.
Metodológicamente se realizó un trabajo grupal, en el que los compañeros presentaron cuadros sinópticos sobre el tema contenido en la Unidad II, para ser discutidos en el foro provisto para este fin. Se realizó un collage sobre la teoría de “Culturas Híbridas” del autor García Canclini, presentando su relación con la convivencia.
En el presente documento se encuentran el cuadro sinóptico grupal, el collage grupal y el texto argumentativo grupal acerca de la relación entre Derechos Humanos y Convivencia.
OBJETIVOS
GENERAL:
Dilucidar la relación que existe entre las “expresiones culturales” y la “convivencia”.
ESPECÍFICOS
Reconocer lo que se denomina “expresiones culturales” y “convivencia”.
Utilizar los conceptos: valores, principios y convicciones.
Analizar la relación que subyace entre la convivencia y los Derechos Humanos.
Reconocer el papel que juegan los medios masivos de comunicación en la convivencia y en las expresiones culturales.
DESARROLLO DE LA ACTIVIDAD
A.CUADRO SIGNOTICO GRUPAL

B. EL PAPEL DE LOS D.D.H.H EN LA CONVIVENCIA EN MEDIO DE UN MUNDO Y UN PAÍS DIVERSO CULTURALMENTE)
El papel de los Derechos Humanos en la convivencia, a pesar de las diferencias culturales en el país y el mundo, tiene una importancia capital a la hora de situarnos en el plano de los Estados Nacionales como Colombia, Perú, Guatemala, Canadá, El Congo, Italia, etc., toda vez que es gracias a esta estructura estatal que la democracia, los D.D.H.H. y el concepto de ciudadanía tienen validez actual.
La pretensión que tienen los Derechos Humanos desde su nacimiento, de eliminar las desigualdades y los privilegios que antes de los Estados Nación existían - y que se heredaban-, es una de las caras de la moneda, la cara humanista. La contraparte de esta realidad es la de entender que el estado mismo se constituye como el mecanismo de exclusión y la nueva forma que los grupos de poder encuentran para perpetuar sus privilegios. Después de la época feudal, en la que el servilismo presentaba como beneficiario al rey y la nobleza (en alianzas con el clero), surge la nueva época de los Estados Nacionales; la edad Moderna, en la cual la burguesía toma las riendas del “progreso social”. Es precisamente ésta situación, la que enmarca el tema de los D.D.H.H. Es decir, este concepto es propio de la cultura occidental de la cual nosotros, la civilización latinoamericana somos depositarios. En nuestro contexto actual es difícil encontrar una persona que piense que sin ellos la sociedad estaría mejor. Quizá más complicado sea encontrar otra que reconozca la naturaleza política y económica que la burguesía ostentaba a la hora de desarrollarlos.
Desde esta perspectiva del análisis que reconoce tanto la valides y la importancia de la defensa de las libertades individuales, la pretensión de justicia social, la protección del medio ambiente para las generaciones presentes y futuras, la vida, etc., tanto como el sesgo histórico del cual provienen los Derechos Humanos, resulta conveniente preguntarse, ¿cómo sacar partido de un cuerpo conceptual y una organización tan poderosa a nivel mundial como la que está montada alrededor de los D.D.H.H.?
Lo primero que hay que hacer es situarnos en nuestro mundo, el latinoamericano, el cual es tan rico por su triple ascendencia, a saber la negra africana, la europea (occidental) y la indígena. Importante es éste reconocimiento porque esclarece la sensación que existe en muchos latinoamericanos de que en nuestro territorio todo lo europeo o lo occidental parece mal hecho, una copia vaga de los que “si hacen las cosas bien; los europeos”. Con esta aclaración, es fácil comenzar un análisis de los D.D.H.H en nuestro contexto, una vez hecha la desconstrucción de ellos, y así retomar la idea de que lo importante es cómo sacarle provecho a esta condición política mundial promulgada por las Naciones Unidad y firmada por Colombia en múltiples ocasiones.
Lo que se propone en este texto es una vivencia de los derechos de una manera crítica (para lo cual se requiere una educación y una práctica crítica), es decir, reclamar y sentir los Derechos Humanos, no de una manera ingenua sino precavida y estratégica, desde la cual, la minorías, las etnias, los movimientos sociales y políticos aprovechen la idea de ciudadanía en su acepción política y no desde su componente exclusivamente mercantil. Es decir, que el ejercicio de los derechos sea reclamado desde una ciudadanía que comprenda que las constituciones de los países y las leyes pueden ser utilizadas de múltiples formas, entre ellas dos principalmente; una que las acomoda a los intereses particulares o grupales al servicio de los grandes capitales multinacionales, y otra, que desde las minorías y los sujetos libres, se puede hacer uso del poder que les confieren las cartas magnas y los derechos de primera, segunda y tercera generación, para la satisfacción de sus necesidades básica, pero sobre todo, para la construcción segura y efectiva de una proyecto de sociedad que lleva más de 200 años en construcción y que necesita todos los días actualizarse y renovarse en busca de la consolidación total; la civilización latinoamericana.
Ante la diversidad de la población colombiana y ante el avasallamiento de la esfera económica sobre las otras dimensiones del ser humano, y ante el marcado interés de los grupos de poder situados en las grandes empresas trasnacionales (que tienen sus nichos de acción en conocidos bloques económicos), de pescar en rio revuelto, de aprovechar la alienación del
consumismo en nuestro continente -que se enfrenta al dilema de la consolidación cultural y económica en medio del capitalismo neoliberal en el cual sólo lo que es rentable realmente importante- solo queda tomar una posición estratégica posibilitada por la democracia y la acción ciudadana; la de utilizar la construcción estatal vigente, como trampolín, para la reconstrucción de nuestros constituciones y de nuestras normas y esquemas de vida. Se trata de utilizar los D.D.H.H para lograr el reconocimiento y visibilización de nuestra realidad, la cual va mucho más allá que la económica y que es de carácter cultural, cosmogónico, familiar, campesina, para llegar a consolidar una sociedad que no tiene como derroteros ni el consumismo, ni el excesivo trabajo, ni el desarrollo, ni el progreso, sino unas comunidades que están más cercanas a la convivencia con la naturaleza, con la familia extensa, con el componente lúdico y alegre del ser humano y, en palabras de Gabriel García Márquez, una sociedad más chebre.

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